La Cámara en lo Criminal y Correccional confirmó que existen pruebas suficientes para enjuiciar a Mauricio Macri por los delitos de intrusión telefónica, falsedad ideológica de documento público y asociación ilícita. En este marco no importa lo que digan los patéticos funcionarios del gobierno PRO con Rodriguez Larreta y Gabriela Michetti a la cabeza. Ya nadie, ni siquiera los medios de comunicación, puede creer el mentiroso argumento de las "presiones" kirchneristas sobre los jueces. Fueron varios los periodistas que durante la bizarra conferencia de prensa macrista preguntaron azorados "si no le parecía un poco mucho afirmar que Nestor Kirchner maneja también a la Cámara que acaba de confirmar en pleno lo actuado por el juez Oyarbide?". Es tan pero tan pobre el argumento del macrismo frente a la contundencia y el avance de la causa por las escuchas ilegales que no vale ni siquiera detenerse a analizarlo en términos judiciales (para eso está la justicia mal que les pese a los "republicanos" del PRO que se olvidan de la división de poderes cuando les conviene). Lo más grave es la crisis política que se profundiza en nuestra Ciudad que desde ahora pasa a tener el triste mérito de ser el primer distrito del país en ser "administrada" por un gobernante procesado por la justicia y a punto de ir a juicio oral. Lo que se dice una verdadera vergüenza institucional. Mauricio Macri, que como casi siempre se encuentra de paseo turístico por el mundo, no quiere asumir la realidad (que casualidad no? cuando las inundaciones estaba en Córdoba de paseo y cuando lo citó a declarar Oyarbide se encontraba en un viaje "espiritual" en la India con su novia). Tenemos que reconocer que la negación y la mentira ya es casi su única especialidad en términos de gestión pública: patear la pelota afuera y hecharle la culpa a otros. Si se arma un aparato de inteligencia ilegal para escuchar a dirigentes opositores es un "invento de la justicia K", si no se construye ni un metro de subtes, "es porque el Estado Nacional no aprueba los créditos", si escandalosamente aumenta la mortalidad infantil en la Ciudad, es un invento de la oposición política, si las escuelas están sin gas, es por culpa de las administraciones anteriores, si los hospitales están colapsados es por culpa de los "provincianos e inmigrantes" que usan nuestros servicios. Podemos seguir hasta el infinito pero por suerte no tiene sentido: las mentiras y les escusas se terminan básicamente porque ya nadie las cree. Frente a este escenario de crisis inédita en la Ciudad, lo más lógico y respetuoso con la institucionalidad porteña es que Macri pida licencia y se dedique de en serio y sin poses publicitarias aconsejadas por su publicista ecuatoriano, a demostrar ante la justicia una inocencia que hasta ahora nadie le cree. La Ciudad no se merece un gobernante procesado y que no se hace cargo de sus actos.
Es hora de que Macri se haga cargo de sus actos. Juan Cruz Noce
Editorial
Después de varios meses nuestra revista vuelve a estar en la calle. Sentimos la urgencia de volver porque desde nuestra edición anterior ocurrió tanto, que caemos en la tentación de afirmar que ésta no es la misma Argentina.Nunca fuimos adictos a las generalizaciones ni mucho menos a los análisis irrupcionales pero elecciones mediante y frente a lo acaecido en adelante, nos anima a suponer que el país cambió, y mucho.
El 28 de junio, a pesar de que la aritmética ubicó a la coalición que respaldó al Gobierno Nacional como primera minoría, la derrota bonaerense de Néstor Kirchner dejó un saldo negativo para el Gobierno. Si el kirchnerismo perdió, la primera pregunta sería, ¿quién ganó? Es en este punto en donde se empieza a perfilar el nuevo escenario político que presenta a la Argentina en una disputa, se diría que, día a día.
Como cualquier analista, es nuestra ambición encontrar las claves que nos expliquen como se desarrolla la disputa política actual. Y es aquí donde nosotros entendemos lo novedoso del escenario. Lo que se insinuó durante el conflicto con las patronales agropecuarias se terminó de confirmar con el huracán desatado alrededor de la sanción de la nueva Ley de Medios Audiovisuales, que vendría a reemplazar la de Radiodifusión, sancionada durante la última dictadura militar.
Lo novedosos, insistimos, es que se transparentó como nunca la disputa política por los espacios de poder real. Durante el conflicto por las retenciones a la soja, la Sociedad Rural Argentina y sus acólitos se adjudicaron una representación social e institucional suficiente como para desabastecer de alimentos a todas las ciudades del país, representación que negaba además la producida por las urnas. Lo que sucedía era que un sector del poder real estaba defendiendo sus privilegios frente al resto de la sociedad y frente a la posibilidad de que el Estado intervenga en un sector clave de la economía. Exactamente lo mismo ocurre ahora con la Ley de Medios.
Los sectores concentrados que manejan todo el negocio de las telecomunicaciones no quieren perder las prerrogativas que una ley de la dictadura les otorga. Posiciones monopólicas que fueron ganando en base a pactos y negocios con los diferentes gobiernos nacionales. El caso más pornográfico es el del grupo Clarín, que ante esta situación decidió abandonar el simulacro de “prensa independiente” y asumir, lo que siempre fue, un actor político con suficiente poder de fuego para defender sus privilegios.
El kirchnerismo ante la derrota electoral reaccionó de manera contradictoria pero no menos (esto hay que reconocerlo) audaz. Cualquier otro gobierno hubiera pactado, tanto con el campo como con los holdings mediáticos, buscando un poco de “paz social” o “gobernabilidad”. Es aquí donde el kirchnerismo expone con crudeza y obliga al resto a confesar sus verdaderos intereses y filiaciones políticas.
En este escenario de disputa entre los verdaderos actores políticos, la oposición carece de función y utilidad. Apenas sirve para disfrazar la defensa de intereses de los grupos de poder. Incluso estamos ante la presencia e incursión en el juego electoral ya no de representantes, sino de los genuinos exponentes de los bloques de poder, como son los casos de Macri y De Narvaez.
Aunque todavía no pudimos responder la primera pregunta: si el kirchnerismo perdió las elecciones, quién ganó?. Vemos otra paradoja novedosa: tampoco ganó la oposición. La pregunta es ¿por qué? Porque ante un escenario de tanta crudeza, el discurso pusilánime de Cobos insistiendo con el “diálogo”, los fantasmas propios de Reutemann, la mediocre gestión de Macri y el estado paranoide de Carrió dejaron al bloque de poder sin un representante obediente que dispute con el vigoroso, aunque golpeado y necio, dispositivo K.
Sería de una saludable vocación democrática e institucional que todos los actores políticos, tanto partidarios como corporativos, blanqueen posiciones y las debatan con franqueza, reconociendo la disputa política subyacente que en cualquier sociedad existe. Sabemos que lo recién dicho, además de ingenuo es contradictorio con el discurso hegemónico que vienen fogoneando los medios. Un medio tan poderoso como el grupo Clarín perdería eficacia para formar opinión pública si reconociera que ellos son parte de las disputas y que tienen intereses creados.
La nueva Ley de Medios no va a resolver por arte de magia estas situaciones, ni de la noche a la mañana va a democratizar el acceso a la información pero sí va a crear mejores condiciones para que las diferentes opiniones y diferentes actores puedan canalizar sus demandas. Una sociedad democrática no se puede construir en base a monopolios informáticos ni discursos únicos. En las páginas siguientes nuestros lectores encontraran un más profundo análisis al respecto. Esperamos, como siempre, que ayude al debate.
¿Por qué es prioritario apoyar una nueva Ley de Medios?
Afirmado en el trabajo que desde hace varios años llevan adelante diversos sectores del campo popular, reunidos en la "Coalición por una Radiodifusión Democrática", el Gobierno Nacional presentó en sociedad un anteproyecto de ley que se propone reemplazar el actual marco normativo de radiodifusión, que data de la última dictadura militar, por un sistema que garantice el pluralismo informativo y la libertad de expresión de toda la ciudadanía.
Hay muchas razones que sostienen la necesidad de discutir un nuevo esquema regulatorio para el funcionamiento de los medios. Todas gravitan sobre el eje medios y democracia. Propongo en lo que sigue un breve punteo de algunos hitos de la historia reciente en relación a este eje.
Hace más de 40 años, Umberto Eco, un reconocido semiólogo italiano, escribía: "No hace mucho tiempo que para adueñarse del poder político en un país era suficiente controlar el ejército y la policía… Hoy, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación." ("Para una guerrilla semiológica", 1967). Las palabras de Eco cobran vital actualidad. Señalan la creciente importancia que adquirieron los medios de comunicación para las democracias, y el rol dominante que detentan quienes controlan su propiedad. ¿Qué estructura de medios tiene nuestro país? ¿Qué consecuencias tuvo y tiene esta estructura para el funcionamiento de la democracia?
En Argentina, el proceso de concentración de la propiedad de los años ´90 dejó en poder de cuatro grandes grupos económicos más del 80% de los contenidos televisivos y radiales producidos y distribuidos en el territorio nacional. Tamaña concentración fue posible en el marco del decreto/ley 22.285 de la última dictadura militar, que regula el espacio audiovisual permitiendo el ejercicio de la radiodifusión con exclusividad a las organizaciones con fines de lucro. Sin embargo, desde el 2005 el Congreso habilitó la posibilidad que las organizaciones sin fines de lucro accedan a frecuencias de radio y TV. El inconveniente es que la mayor parte de las frecuencias ya están tomadas por los medios privados. Para resolver eso, en lo que sería una decisión de avanzada en materia de libertad de expresión, el anteproyecto de gobierno propone reservar el 33% del espectro radioeléctrico a organizaciones sin fines de lucro (universidades, mutuales, cooperativas).
Cómplices de la dictadura cívico-militar y socios estratégicos del proceso político iniciado en los años del menemismo, los medios masivos fueron la aplanadora de conciencias con la que se configuró la mayor transformación cultural de los últimos tiempos en el país. Con su predica constante contra el rol regulador del Estado, al que se acusaba de corrupto, ineficiente e ineficaz, produjeron el consenso necesario para poder vender el patrimonio público y estatal y servir al capital concentrado y extranjero los negocios más obscenos y fraudulentos, al disponer la privatización de los servicios públicos.
Alcanza para ejemplificar esta operación ideológica, la construcción mediática, en manos de Bernardo Neustadt, de la figura de "Doña Rosa", como la encarnación del sentido común que despreciaba la política y lo estatal y creía en la panacea mercantil que todo lo iba a resolver. “Doña Rosa” repetía hasta el cansancio que estaba harta de los políticos y sus socios, los sindicalistas, que siempre se pelearon por ver quien robaba más dinero del Estado. Ella ya había visto una y cien veces esa película, que era la historia del fracaso de los argentinos. De una buena vez, había que dejar que el mercado resolviera lo que el Estado ya había demostrado que no podía hacer: esto es, dar un buen servicio a quienes pagan religiosamente sus impuestos.
La feroz propaganda neoliberal que los medios masivos realizaron, casi en cadena, allá por los años 90, permitió la edificación de un consenso que hizo posible las profundas y regresivas transformaciones de la economía y el Estado. La concentración de los medios en pocas manos impidió que aparecieran en pantalla aquellos sectores de la ciudadanía que resistían, muchas veces al costo de la represión, la instalación del modelo neoliberal.
Cromañón es también un capítulo ejemplificador. Al ser los grupos privados los que controlan la casi totalidad de las emisiones de la TV, la cobertura fue saturada con retóricas de la emoción y noticias sensacionalistas (sobreexponiendo a las víctimas y su dolor), que son las que “venden” y permiten reproducir el negocio “informativo”. La mirada reflexiva y la confrontación de distintas perspectivas respecto de porque había ocurrido Cromañón y los modos de operar social y políticamente para que no vuelva a suceder, bien gracias… La búsqueda del rating, y algún interés político inconfesable, primaron sobre la contribución a un debate urgente y todavía necesario.
El llamado “conflicto del gobierno con el campo” produjo otros capítulos bien interesantes, como trágicos. Allí se hizo presente una operación tradicional de los medios: el reemplazo del todo por una de las partes. Es decir, la instalación de un interés particular como si fuese el interés general. A coro, los medios masivos, gráficos, radiales y televisivos, hicieron pasar a cuatro entidades patronales rurales como si fueran el campo en su conjunto. Desconociendo otras realidades e intereses, como los de centenares de miles de pequeños agricultores familiares y campesinos que subsisten a pesar del modelo sojero y del agro-negocio. Por si fuera poco, hicieron pasar a “ese” campo como si fuese la patria. Recuperando un símbolo de la Argentina agroexportadora, granero del mundo, país de elites y excluidos, y desconociendo la contribución que todos los sectores de la producción y el trabajo hacen a la economía del país. Así, el conflicto de cuatro entidades patronales y sus representados, que defendían sus privilegios sobre el bien común, fue traducido por los medios como el conflicto del Gobierno contra campo, y a través de éste, contra la patria misma. ¡Dios nos libre y guarde!
No fue el amor a la patria lo que motivó una definición tan particular del conflicto, sino los propios intereses económicos de los medios masivos que viven de las rentas del agro-negocio. Fue, además, una apuesta a disciplinar la política gubernamental y a poner en carrera otras figuras que más que amenazar, garanticen los privilegios tradicionales. En efecto, el mismo empeño que los medios pusieron, durante los 90, en deslegitimar el rol regulador del Estado, ponen ahora para horadar la legitimidad de un gobierno que se aventuró a romper algunas prerrogativas históricas y proyecta o amenaza (¿habrá que decir amenazaba?) con romper algún que otro negocio de décadas, como el de lo medios masivos.
Durante años, los medios masivos han contribuido a la banalización de la política y a la trivialización del interés público, ocultando el conflicto ideológico y de intereses presente en toda sociedad de repartos desiguales de riquezas y oportunidades. Basta ver la agenda de los noticieros saturada de episodios de inseguridad, chismes del deporte y noticias del espectáculo. O el desfile de las mismas caras políticas y los mismos lenguajes superficiales. Lo que los medios hacen al presentar esta agenda es invisibilizar otras múltiples realidades, desconociendo a los actores que podrían dar cuenta de éstas.
Pero seamos claros. El problema no son los medios en sí. Tampoco lo es la herramienta audiovisual. Con un nuevo marco normativo que garantice la pluralidad de voces, la radio y la TV masivas, al instalarse como vehículos de la reflexión y el debate social, pueden y deben ser instrumentos medulares de una necesaria profundización de la democracia. El problema es el sistema de medios que hoy tenemos, controlados por grandes grupos económicos. Al ser empresas privadas, es la búsqueda del lucro la que moviliza su funcionamiento, el famoso rating. Ya no un interés informativo o un aporte al debate público. Asimismo, al ser grupos con potentes intereses económicos no les es ajeno, todo lo contrario, un interés político. El rumbo que tome el país está directamente relacionado con sus intereses primordiales, ya sea porque protege los acostumbrados privilegios económicos o porque los amenaza.
Discutir un nuevo sistema de comunicación audiovisual en clave plural, como propone el proyecto oficial, es un desafío para fortalecer nuestra democracia y una oportunidad para profundizarla.
Hay muchas razones que sostienen la necesidad de discutir un nuevo esquema regulatorio para el funcionamiento de los medios. Todas gravitan sobre el eje medios y democracia. Propongo en lo que sigue un breve punteo de algunos hitos de la historia reciente en relación a este eje.
Hace más de 40 años, Umberto Eco, un reconocido semiólogo italiano, escribía: "No hace mucho tiempo que para adueñarse del poder político en un país era suficiente controlar el ejército y la policía… Hoy, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación." ("Para una guerrilla semiológica", 1967). Las palabras de Eco cobran vital actualidad. Señalan la creciente importancia que adquirieron los medios de comunicación para las democracias, y el rol dominante que detentan quienes controlan su propiedad. ¿Qué estructura de medios tiene nuestro país? ¿Qué consecuencias tuvo y tiene esta estructura para el funcionamiento de la democracia?
En Argentina, el proceso de concentración de la propiedad de los años ´90 dejó en poder de cuatro grandes grupos económicos más del 80% de los contenidos televisivos y radiales producidos y distribuidos en el territorio nacional. Tamaña concentración fue posible en el marco del decreto/ley 22.285 de la última dictadura militar, que regula el espacio audiovisual permitiendo el ejercicio de la radiodifusión con exclusividad a las organizaciones con fines de lucro. Sin embargo, desde el 2005 el Congreso habilitó la posibilidad que las organizaciones sin fines de lucro accedan a frecuencias de radio y TV. El inconveniente es que la mayor parte de las frecuencias ya están tomadas por los medios privados. Para resolver eso, en lo que sería una decisión de avanzada en materia de libertad de expresión, el anteproyecto de gobierno propone reservar el 33% del espectro radioeléctrico a organizaciones sin fines de lucro (universidades, mutuales, cooperativas).
Cómplices de la dictadura cívico-militar y socios estratégicos del proceso político iniciado en los años del menemismo, los medios masivos fueron la aplanadora de conciencias con la que se configuró la mayor transformación cultural de los últimos tiempos en el país. Con su predica constante contra el rol regulador del Estado, al que se acusaba de corrupto, ineficiente e ineficaz, produjeron el consenso necesario para poder vender el patrimonio público y estatal y servir al capital concentrado y extranjero los negocios más obscenos y fraudulentos, al disponer la privatización de los servicios públicos.
Alcanza para ejemplificar esta operación ideológica, la construcción mediática, en manos de Bernardo Neustadt, de la figura de "Doña Rosa", como la encarnación del sentido común que despreciaba la política y lo estatal y creía en la panacea mercantil que todo lo iba a resolver. “Doña Rosa” repetía hasta el cansancio que estaba harta de los políticos y sus socios, los sindicalistas, que siempre se pelearon por ver quien robaba más dinero del Estado. Ella ya había visto una y cien veces esa película, que era la historia del fracaso de los argentinos. De una buena vez, había que dejar que el mercado resolviera lo que el Estado ya había demostrado que no podía hacer: esto es, dar un buen servicio a quienes pagan religiosamente sus impuestos.
La feroz propaganda neoliberal que los medios masivos realizaron, casi en cadena, allá por los años 90, permitió la edificación de un consenso que hizo posible las profundas y regresivas transformaciones de la economía y el Estado. La concentración de los medios en pocas manos impidió que aparecieran en pantalla aquellos sectores de la ciudadanía que resistían, muchas veces al costo de la represión, la instalación del modelo neoliberal.
Cromañón es también un capítulo ejemplificador. Al ser los grupos privados los que controlan la casi totalidad de las emisiones de la TV, la cobertura fue saturada con retóricas de la emoción y noticias sensacionalistas (sobreexponiendo a las víctimas y su dolor), que son las que “venden” y permiten reproducir el negocio “informativo”. La mirada reflexiva y la confrontación de distintas perspectivas respecto de porque había ocurrido Cromañón y los modos de operar social y políticamente para que no vuelva a suceder, bien gracias… La búsqueda del rating, y algún interés político inconfesable, primaron sobre la contribución a un debate urgente y todavía necesario.
El llamado “conflicto del gobierno con el campo” produjo otros capítulos bien interesantes, como trágicos. Allí se hizo presente una operación tradicional de los medios: el reemplazo del todo por una de las partes. Es decir, la instalación de un interés particular como si fuese el interés general. A coro, los medios masivos, gráficos, radiales y televisivos, hicieron pasar a cuatro entidades patronales rurales como si fueran el campo en su conjunto. Desconociendo otras realidades e intereses, como los de centenares de miles de pequeños agricultores familiares y campesinos que subsisten a pesar del modelo sojero y del agro-negocio. Por si fuera poco, hicieron pasar a “ese” campo como si fuese la patria. Recuperando un símbolo de la Argentina agroexportadora, granero del mundo, país de elites y excluidos, y desconociendo la contribución que todos los sectores de la producción y el trabajo hacen a la economía del país. Así, el conflicto de cuatro entidades patronales y sus representados, que defendían sus privilegios sobre el bien común, fue traducido por los medios como el conflicto del Gobierno contra campo, y a través de éste, contra la patria misma. ¡Dios nos libre y guarde!
No fue el amor a la patria lo que motivó una definición tan particular del conflicto, sino los propios intereses económicos de los medios masivos que viven de las rentas del agro-negocio. Fue, además, una apuesta a disciplinar la política gubernamental y a poner en carrera otras figuras que más que amenazar, garanticen los privilegios tradicionales. En efecto, el mismo empeño que los medios pusieron, durante los 90, en deslegitimar el rol regulador del Estado, ponen ahora para horadar la legitimidad de un gobierno que se aventuró a romper algunas prerrogativas históricas y proyecta o amenaza (¿habrá que decir amenazaba?) con romper algún que otro negocio de décadas, como el de lo medios masivos.
Durante años, los medios masivos han contribuido a la banalización de la política y a la trivialización del interés público, ocultando el conflicto ideológico y de intereses presente en toda sociedad de repartos desiguales de riquezas y oportunidades. Basta ver la agenda de los noticieros saturada de episodios de inseguridad, chismes del deporte y noticias del espectáculo. O el desfile de las mismas caras políticas y los mismos lenguajes superficiales. Lo que los medios hacen al presentar esta agenda es invisibilizar otras múltiples realidades, desconociendo a los actores que podrían dar cuenta de éstas.
Pero seamos claros. El problema no son los medios en sí. Tampoco lo es la herramienta audiovisual. Con un nuevo marco normativo que garantice la pluralidad de voces, la radio y la TV masivas, al instalarse como vehículos de la reflexión y el debate social, pueden y deben ser instrumentos medulares de una necesaria profundización de la democracia. El problema es el sistema de medios que hoy tenemos, controlados por grandes grupos económicos. Al ser empresas privadas, es la búsqueda del lucro la que moviliza su funcionamiento, el famoso rating. Ya no un interés informativo o un aporte al debate público. Asimismo, al ser grupos con potentes intereses económicos no les es ajeno, todo lo contrario, un interés político. El rumbo que tome el país está directamente relacionado con sus intereses primordiales, ya sea porque protege los acostumbrados privilegios económicos o porque los amenaza.
Discutir un nuevo sistema de comunicación audiovisual en clave plural, como propone el proyecto oficial, es un desafío para fortalecer nuestra democracia y una oportunidad para profundizarla.
Al Fino Palacios lo echamos entre todos Entrevista a Juan Cruz Noce
(Presidente del Espacio barrial Nueva Comuna)

El domingo 19 de julio el matutino Crónica publicaba en su tapa a Taty Almeida (Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora) firmando el petitorio para exigir a Mauricio Macri la remoción del jefe de la policía porteña. La esquina era la de Scalabrini Ortiz y Corrientes, corazón de la Comuna 15. Es por eso que hablamos con Juan Cruz Noce, referente barrial y presidente de Nueva Comuna que participó de esta campaña de firmas.
PP: Noce, ¿contento con la renuncia del Fino Palacios como responsable de la nueva policía porteña?
Noce: Muy. La verdad es que cuando empezamos con la campaña sabíamos que lo íbamos a lograr, pero juntar 100.000 firmas era un objetivo muy ambicioso. Finalmente, fue más rápido de lo esperado, estábamos en las 50.000 cuando el Fino renunció. Parece que Macri hizo como los boxeadores medios groguis, antes de perder por NOKAUT prefirió perder por puntos (risas).
PP: ¿Contanos por qué tantas organizaciones se juntaron para decirle NO al Fino?
Noce: Sencillamente porque es un monstruo, de esos dinosaurios que Susana Giménez pregunta si están vivos. Sí, está vivo y Macri lo puso frente a la seguridad porteña. Teniendo en cuenta que el tema de la seguridad es uno de las principales demandas ciudadanas, la designación de Palacios era una burda provocación a todos los porteños. Por eso la contundencia del rechazo que logró convocar a todos los sectores políticos, sociales y culturales de nuestra ciudad.
PP: Involucrado en la Causa AMIA, también en el caso Axel Blumberg, sumariado y echado de la Federal, defensor del Terrorismo de Estado, ¿le faltaba algo?
Noce: Nada, el Fino todavía le tiene que dar muchas explicaciones a la Justicia. Y es acá donde se evidencia la hipocresía macrista. Cuando el Gobierno Nacional tiene algún funcionario cuestionado judicialmente, Macri, Micheti y compañía se rasgan las vestiduras, hablan de honestidad y reclaman calidad institucional, cosa que me parece bien. Pero digo, hay que ser coherente: ellos toleraron y protegieron a un tipo cuestionado desde los familiares de las víctimas de la AMIA hasta organizaciones sindicales y barriales. Creo que todavía no se dimensionó el costo político que el gobierno PRO pagó con esta verdadera burla a la sociedad.
PP: Contanos como fue en general y en particular en nuestra Comuna la recolección de firmas.
Noce: Ocurrieron dos cosas que yo creo hace mucho no pasaban. La primera fue el amplio y total rechazo de todo el arco político y de casi todos los sectores de la sociedad. La segunda se pudo comprobar en la calle, cuando juntábamos las firmas en las esquinas de nuestros barrios. Durante los primeros días la gente no conocía el tema, no sabía de quien le hablábamos. Lo medios de comunicación o no tomaban el tema o funcionaban protegiendo a Macri. Con el correr de los días fue increíble el cambio, la misma vecina o vecino que el día anterior sólo agarraba el volante, al día siguiente venia y te pedía firmar.
PP: Al día siguiente que el Fino Palacios renunció, nos enteramos que hubo una peña en el barrio para festejar.
Noce: Fue muy lindo. Había un clima de, no de triunfo, sino de tarea realizada. Porque la preocupación no es sólo por el Fino, sino por toda la gente que trajo con él y se quedó y sobre todo la visión sobre la seguridad que tiene Macri. Volviendo a la Peña, tenemos que agradecerle a Liliana Herrero que vino a compartir su música con nosotros, con los que salimos a la calle a dar la pelea.
En nuestra comuna el desafío de cara al fututo, es consolidar y potenciar los espacios de unidad y articulación entre todos los sectores políticos y sociales que tenemos una misma mirada sobre la realidad.
Como siempre sostenemos, con unidad, apertura y generosidad, se le puede ganar a Macri . De todos nosotros depende.
PP: Noce, ¿contento con la renuncia del Fino Palacios como responsable de la nueva policía porteña?
Noce: Muy. La verdad es que cuando empezamos con la campaña sabíamos que lo íbamos a lograr, pero juntar 100.000 firmas era un objetivo muy ambicioso. Finalmente, fue más rápido de lo esperado, estábamos en las 50.000 cuando el Fino renunció. Parece que Macri hizo como los boxeadores medios groguis, antes de perder por NOKAUT prefirió perder por puntos (risas).
PP: ¿Contanos por qué tantas organizaciones se juntaron para decirle NO al Fino?
Noce: Sencillamente porque es un monstruo, de esos dinosaurios que Susana Giménez pregunta si están vivos. Sí, está vivo y Macri lo puso frente a la seguridad porteña. Teniendo en cuenta que el tema de la seguridad es uno de las principales demandas ciudadanas, la designación de Palacios era una burda provocación a todos los porteños. Por eso la contundencia del rechazo que logró convocar a todos los sectores políticos, sociales y culturales de nuestra ciudad.
PP: Involucrado en la Causa AMIA, también en el caso Axel Blumberg, sumariado y echado de la Federal, defensor del Terrorismo de Estado, ¿le faltaba algo?
Noce: Nada, el Fino todavía le tiene que dar muchas explicaciones a la Justicia. Y es acá donde se evidencia la hipocresía macrista. Cuando el Gobierno Nacional tiene algún funcionario cuestionado judicialmente, Macri, Micheti y compañía se rasgan las vestiduras, hablan de honestidad y reclaman calidad institucional, cosa que me parece bien. Pero digo, hay que ser coherente: ellos toleraron y protegieron a un tipo cuestionado desde los familiares de las víctimas de la AMIA hasta organizaciones sindicales y barriales. Creo que todavía no se dimensionó el costo político que el gobierno PRO pagó con esta verdadera burla a la sociedad.
PP: Contanos como fue en general y en particular en nuestra Comuna la recolección de firmas.
Noce: Ocurrieron dos cosas que yo creo hace mucho no pasaban. La primera fue el amplio y total rechazo de todo el arco político y de casi todos los sectores de la sociedad. La segunda se pudo comprobar en la calle, cuando juntábamos las firmas en las esquinas de nuestros barrios. Durante los primeros días la gente no conocía el tema, no sabía de quien le hablábamos. Lo medios de comunicación o no tomaban el tema o funcionaban protegiendo a Macri. Con el correr de los días fue increíble el cambio, la misma vecina o vecino que el día anterior sólo agarraba el volante, al día siguiente venia y te pedía firmar.
PP: Al día siguiente que el Fino Palacios renunció, nos enteramos que hubo una peña en el barrio para festejar.
Noce: Fue muy lindo. Había un clima de, no de triunfo, sino de tarea realizada. Porque la preocupación no es sólo por el Fino, sino por toda la gente que trajo con él y se quedó y sobre todo la visión sobre la seguridad que tiene Macri. Volviendo a la Peña, tenemos que agradecerle a Liliana Herrero que vino a compartir su música con nosotros, con los que salimos a la calle a dar la pelea.
En nuestra comuna el desafío de cara al fututo, es consolidar y potenciar los espacios de unidad y articulación entre todos los sectores políticos y sociales que tenemos una misma mirada sobre la realidad.
Como siempre sostenemos, con unidad, apertura y generosidad, se le puede ganar a Macri . De todos nosotros depende.
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